Boxeo mexicano en Juegos Olímpicos.

México tiene pocos triunfos en Juegos Olímpicos, sus mayores logros son en boxeo, donde los competidores mexicanos han ganado doce medallas. El pugilismo ha sido un deporte exitoso en competencias internacionales, los peleadores aztecas logran triunfos constantes debido a que el box es un deporte económico, no cuesta mucho entrenar, y desde la infancia resulta atractivo a los padres de familia por la disciplina y el rigor de los entrenamientos.

El combate amateur tiene un reglamento diferente al profesional, optando por más medidas cautelosas en protección a los peleadores. La diferencia más evidente es la ausencia de una categoría femenil. Sólo compiten cuatro rounds, y cada uno dura dos minutos. El uso de protector en la cabeza es obligatorio y los guantes tienen una marca blanca en la punta. Sí un golpe conecta al rival en la cara o el torso, con la parte marcada, los jueces presionan un sensor electrónico para otorgarle un punto. El competidor con más puntos al terminar la pelea es declarado ganador.

La protección brindada a los competidores contrasta con la estructura del boxeo amateur en México. La desorganización y las disputas internas provocan que los atletas tengan poco apoyo federativo y entreguen menos resultados positivos en cada torneo. Con los juegos olímpicos de 2008 en puerta vienen a la mente imágenes de pugilistas tricolores con el brazo en alto. Dejando de lado el triste aspecto actual del deporte amateur en el país, concentrémonos en resaltar los triunfos de otras épocas, en busca de motivación y esperanza hacia el futuro.

En 1932 Los Ángeles, California, fue la sede olímpica. La delegación mexicana llegaba con una meta clara, obtener como mínimo la primera medalla para la nación. Francisco Cabañas se llevó el honor. Una presea plateada coronó su esfuerzo en la división mosca y sirvió como ejemplo para las generaciones jóvenes.

El siguiente logro llegó en 1936, los juegos se disputaron en Berlín y Fidel Ortiz se llevó la medalla de bronce en peso gallo. Después pasaron 28 años para que México lograra su tercer podio. En 1964 Juan Fabila se llevó la segunda condecoración de bronce en la división gallo (54 kilos), dentro de los juegos disputados en Tokio, Japón.

 Tras los primeros éxitos se marcaba una constante, el país obtenía buenos resultados sólo en pesos chicos, de los 47 a los 65 kilogramos, y en las competencias de 1968, como locales, los púgiles mexicanos tenían la oportunidad de brillar. El primero en coronarse campeón olímpico fue Ricardo Delgado, en peso mosca (51 kilos) quien obtuvo la medalla en la tradicional Arena México. En la misma fecha, 26 de octubre de 1968, Antonio Roldán barrió a sus cinco contrincantes y le otorgó su segunda medalla aurea al pugilismo azteca. La afición reventaba. Los púgiles mexicanos se motivaron y ganaron dos bronces en pesos mayores. Joaquín Rocha completó la osadía en la categoría máxima (91 kilos) y Agustín Zaragoza ganó en  peso medio (75 Kilos). La localía resultó sumamente positiva para la delegación tricolor.

Cuatro años después, en Munich, Alfonso Zamora obtuvo la medalla de plata en peso gallo. Derrotó a cuatro rivales antes de ser vencido por el cubano Orlando Martínez en la pelea por el oro.

La racha continuó en Montreal, 1976, cuando Juan Paredes quedó tercero en peso pluma (57 kilogramos). Su medalla de bronce completó la secuencia de cuatro juegos olímpicos con al menos un medallista para el boxeo mexicano.

En 1980 los aztecas no lograron medalla. La siguiente presea llegó en Los Ángeles 1984, en la ciudad californiana el pugilismo nacional había obtenido su primera condecoración y llegaba el momento de repetir la hazaña. Héctor López ganó la plata en peso gallo.

Para 1988 los juegos visitaron Seúl y el peso mosca, en la persona de Mario González le otorgó otra medalla a México, se llevó el bronce tras ser derrotado en su pelea final por el alemán Andreas Tews.

La medalla que completó la docena es la obtenida por Christian Bejarano en Sidney 2000, donde logró el bronce en peso ligero.

Varios mexicanos han obtenido resultados destacados en la fase olímpica, sin embargo son más los peleadores que abandonan el sueño de cualquier deportista amateur para saltar al profesionalismo. Una trayectoria impecable en el ámbito aficionado no asegura éxito en el campo pagado. La necesidad que impulsa a los jóvenes a seleccionar el boxeo también los lleva a dejar las huestes olímpicas y perseguir las bolsas de los combates profesionales.

Sin duda el pugilismo es una esperanza constante de medalla para los federativos mexicanos, sin embargo, su descuido ha llevado, mayormente, a la decadencia del boxeo nacional. Lástima por los cientos de peleadores talentosos que no tienen  oportunidad de un futuro exitoso por las erradas decisiones de los funcionarios. El cuadrilátero es donde se deben ganar las preseas, pero la competencia inicia en los escritorios donde hombres de pantalón largo definen las políticas a seguir en cada federación. Mientras se mantenga la negligencia imperante, el prematuro salto al profesionalismo de potenciales representantes nacionales será cada vez más constante.

Una respuesta hacia “Boxeo mexicano en Juegos Olímpicos.”

  1. NO SE HAGAN PENDEJOS A TODOS LOS DE LA FEDERACION SOLO LES IMPORTA EL DINERO Y NO LOS TRIUNFOS

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